La Depresión Infantil ¿Existe? 

enero 13, 2023

Por: Angel Rojas Garzón – Director Programas JUCONI 

La depresión es un tema complicado de tratar, en parte porque el término mismo, “depresión”, es algo que utilizamos comúnmente para describir un estado de ánimo más que un padecimiento que genere alarma. La realidad es que la depresión es un tema de salud pública al cual le debemos prestar atención. 

Un grado de complejidad mayor es hablar de la depresión infantil, ya que es un concepto que resulta extraño o hasta imposible. ¿Cómo puede ser que un niño o una niña puedan estar deprimidos? 

Si bien la infancia es la etapa en la que se explora, se juega y se aprende del entorno, existen condiciones que pueden llevar a que una niña o niño desarrolle un cuadro depresivo. Estas condiciones pueden tener su origen en factores biológicos, psicológicos o sociales. La consecuencia en los casos más graves es el suicidio, sin embargo, no es lo más común que un niño o niña llegue a tal instancia; lo que realmente debe de preocuparnos son las consecuencias a largo plazo de tal padecimiento, pues contribuye al desarrollo de problemas de salud en la etapa adulta tales como las adicciones, enfermedades crónicas degenerativas o dificultades para relacionarse de manera positiva con otras personas. 

Ahora, es importante hacer una aclaración, la tristeza como tal es una emoción, que no es buena ni mala, solo es la respuesta a una situación específica que suele tener una duración corta, por otro lado, y a diferencia de, la depresión es un cuadro clínico compuesto de distintas características además de la tristeza prolongada, entre ellas: el aislamiento, la falta o el exceso de apetito, dificultades del sueño, falta de interés en las cosas que habitualmente disfrutaba son algunas. 

Situaciones como el duelo, el cambio de hogar, la falta de estructura en la dinámica familiar, las adicciones en el seno familiar o las relaciones inconsistentes pueden generar cuadros depresivos, esto dependiendo de que tan frecuente una niña o un niño estén expuestos a ellas. Las acciones más comunes que pueden abonar al desarrollo de un cuadro depresivo en la infancia derivado de las dinámicas sociales, tienen que ver con el entorno familiar como: la falta de límites claros basados en la conducta, los castigos desproporcionados relacionados con el logro de respuestas inmediatas y no en el análisis de las consecuencias para el procesamiento de la experiencia que causo el conflicto, puede contribuir a que se desproporcione la responsabilidad de la niña o el niño sobre lo que está dentro de su control, haciendo que se sienta inseguros de sus actos y vinculando todas las experiencias negativas a su actuar.  

De los factores sociales y psicológicos en la actualidad son los resultados que empezamos a ver producto de la pandemia ocasionada por el COVID-19, donde niñas y niños estuvieron en condiciones de encierro por cerca de hasta dos años y medio. Las condiciones a las niñas y los niños tuvieron que enfrentarse durante este periodo de tiempo fueron difíciles porque limitaron su espacio físico y confinaron las interacciones a solo entre los miembros de sus familias, esto pudo generar un ambiente donde sí pudieron interactuar durante más tiempo, pero donde no todos estábamos preparados para ello y menos en un contexto social donde se presentaron adversidades para las responsabilidades de los adultos. De pronto nos encontramos con muchas dificultades, como niñas y niños, como adultos, como trabajadores y demás roles. Las niñas y niños tuvieron que atenerse al ritmo y las condiciones que marcaron adultos en condiciones excepcionales. Todo esto ocasiono que hoy en día vemos a niñas y niños a los que les cuesta trabajo integrarse a espacios escolares, que no saben cómo iniciar la interacción con sus pares o que tienen miedo de retirarse el cubrebocas, y esto no es algo que sea inherente a la infancia. 

Si bien es importante identificar estas características que pueden limitar el desarrollo, es mucho más importante construir ambientes seguros que ayuden a las niñas o niños a sentirse bien consigo mismos, a identificarse como parte de un todo diferenciando entre lo que es su responsabilidad y lo que está fuera de ella, a aprender de sus errores sabiendo que pueden ser reparados y que pueden obtener un aprendizaje de ellos. Para esto tenemos que entender que niñas y niños nos son adultos pequeños, es decir, no ven del mismo modo las cosas como lo hace un adulto, ni las entienden igual, el ser humano aprende de la experiencia por lo que hay que dar cabida a ella. Evitemos exigirles más de lo que por pueden darnos, respetando su tiempo, espacio y formas, ayudémosles a encontrar cómo expresarse haciéndole sentir que su opinión es importante.  

En las familias que atendemos en JUCONI, donde las condiciones son sumamente adversas, ha funcionado la construcción de una estructura básica que eventualmente ayude a la niña o al niño a generar una estructura mental constante y consistente. En este proceso es importante la implementación de una rutina familiar, propuesta en las actividades individuales y en conjunto, dándole importancia a cada miembro con base en sus características individuales. Aprender a reparar y recuperarse del error puede ayudar a que niñas y niños dimensionen sus experiencias y aprendan de las consecuencias naturales de sus actos, si a esto sumamos un trato cálido y amable en los momentos de dificultad estaremos llevando a cabo estrategias que pueden prevenir un cuadro de depresión en la infancia. 

Compartir: